
Cómo una afinidad personal del fundador se transformó en sello de cultura y sostenibilidad de una reconocida compañía industrial colombiana

En la planta principal de Incolmotos Yamaha, ubicada en Girardota, norte del Valle de Aburrá, el sonido de las máquinas y el ritmo típico de una operación industrial conviven con una escena poco común en el mundo empresarial: perros que caminan entre oficinas, áreas administrativas y espacios productivos, se acercan a los colaboradores, reciben una caricia, un saludo, un snack, y continúan su recorrido como parte natural de la jornada laboral.
No son caninos de vigilancia, no están entrenados para detección de explosivos ni para defensa. Son, como los define la propia compañía, caninos de soporte emocional. Una manada que, sin haber sido planeada como programa corporativo, terminó convirtiéndose en una de las expresiones más auténticas de la cultura organizacional y del enfoque de bienestar laboral de Incolmotos Yamaha.
Surge aquí una pregunta ineludible: ¿cómo una afinidad personal terminó transformándose en una práctica empresarial con impacto real en las personas?
Perros cuidadores de personas, no vigilantes de una planta
“Ninguno de nuestros perros está entrenado en temas de narcóticos, antiexplosivos o defensa controlada. Acá únicamente tenemos perros de acompañamiento emocional, perros que nos acompañan en nuestra labor diaria”, explica Miguel Velásquez, jefe de seguridad física y responsable del programa de mascotas en Incolmotos Yamaha.
La aclaración no es menor. En un entorno industrial, la presencia de perros suele asociarse a seguridad perimetral. En la planta de producción y sede principal de Incolmotos Yamaha, en Girardota, ocurre lo contrario: los perros no están para vigilar, sino para acompañar.
“Ellos son sintientes, tienen territorialidad, carácter. Hay unos más necios que otros, pero ninguno tiene entrenamiento de ataque. Hay corrección de conductas, porque convivimos todos los días, pero el enfoque siempre ha sido el bienestar”, señala Velásquez.
Este enfoque no surgió de una estrategia de talento humano ni de una tendencia importada. Su origen es mucho más íntimo.
¿Dónde nació la idea de convivir con una manada en la empresa?
“Esta idea partió hace muchos años en cabeza del doctor Francisco Sierra, un enamorado de los perros”, recuerda Miguel Velásquez.
El fundador de Incolmotos Yamaha, como se recoge en el folleto La historia de la manada que siempre está presente, ha expresado que los perros tienen una capacidad especial para sentir y vibrar con las emociones humanas, una sensibilidad que siempre valoró tanto en su vida personal como en los entornos que ayudó a construir.
Esa convicción se materializó, hace más de cuatro décadas, cuando la compañía operaba en su antigua planta en La Estrella. Primero fue un perro, luego otro, muchos de ellos adoptados o rescatados. Sin plan, sin manual, sin protocolo. “Fue algo muy natural. Más que nosotros buscando perros, fueron ellos los que se ganaron la entrada a Incolmotos”, resume Velásquez.
Desde el inicio la clave estuvo en una decisión poco común: darles libertad. Libertad para entrar a las oficinas, recorrer las plantas, acercarse a las personas. Esa confianza sentó las bases de lo que hoy es una convivencia cotidiana que libera estrés y humaniza el trabajo.
¿Cómo pasó de ser algo espontáneo a una práctica corporativa?

Con el crecimiento de la manada, la espontaneidad tuvo que complementarse con estructura. La empresa entendió que cuidar perros también exige responsabilidad administrativa, técnica y ética.
“Tuvimos que establecer procedimientos: vacunación, desparasitación, alimentación, baños, visitas veterinarias, capacitación del personal, control de gastos. Se armó toda una logística y una estructura para el tema de los perros”, explica Miguel Velásquez.
Hoy el programa cuenta con instalaciones diseñadas específicamente para los caninos: bebederos automáticos, caniles adecuados al clima de Girardota y personal capacitado. Incluso, el perfil de quienes acompañan a la manada evolucionó.
“Ya no era solo alguien que les diera agua y comida. Necesitábamos manejo de conducta, criterio técnico. Por eso se sumó Cristian, con experiencia en adiestramiento, y Edwin, que lleva más de 15 años con los perros”. Así, lo que nació como una expresión personal se alineó de manera natural con las políticas corporativas.
¿Cómo encaja esta manada con la visión de la compañía?
“Esto encaja perfectamente con nuestra razón de ser: calidad humana a su servicio”, afirma Velásquez. Y no solo desde el bienestar interno, sino también desde el compromiso ambiental y social de la empresa.
La sostenibilidad aquí no se queda en indicadores o reportes. Se vive en decisiones cotidianas, incluso en las más difíciles. “No dejamos sufrir a un perro. Cuando llega el momento, tomamos decisiones responsables con el equipo veterinario. Eso duele, pero también nos obliga a entender la continuidad y el respeto por la vida”, explica.
Así, la renovación de la manada sigue ocurriendo de forma natural: adopciones, rescates, perros que llegan buscando refugio y terminan encontrándolo. Elvis, rescatado de una quebrada tras ser encontrado amarrado en un costal, es uno de los casos más representativos de ese enfoque.

¿Qué significa la manada para quienes deben cuidarla?
Para Edwin Ferney Vásquez Bedoya, manejador canino, el programa no solo transformó la empresa, sino su propia vida. “El cambio para mí fue del 100%. Pasé de hacer muchas labores a dedicarme a lo que me apasiona. Esto me mantiene el corazón limpio”, dice.
Edwin recuerda el día en que el fundador Francisco Sierra le pidió encargarse de las mascotas al 100%. Desde entonces, su vínculo con los perros es total. “Ellos sienten cuando uno está triste, cuando uno cambia de ánimo. Yo no veo el momento de que amanezca para venir a la empresa”.
Esa conexión es, justamente, la esencia del soporte emocional que la manada brinda a toda la organización.
¿Cómo es la jornada laboral de estos estos compañeros?
Cristian Fernando Díaz, adiestrador canino y estudiante de zootecnia, lo explica con detalle: rutinas de alimentación controlada, caminatas diarias, ejercicio físico y, luego, interacción directa con los colaboradores.
“Después de la caminata entramos al edificio principal. Ahí desconectamos al trabajador de su rutina. El estrés cambia cuando llega el perro, cuando interactúan, cuando le dan una orden y una recompensa”.
No es solo bienestar momentáneo. Es aprendizaje que los colaboradores, inclusive, replican en sus casas. “Eso lo vitaliza, lo emociona y se lo lleva para la casa, para practicarlo con su mascota”, agrega Cristian.
¿Qué cambia en el ambiente laboral cuando hay perros?
Mauricio Salazar, jefe de Control de Producción, lo resume desde su experiencia cotidiana:
“Esto hace que todo el trabajo sea diferente. Genera conexión con la naturaleza, con la empresa y con la marca”.
Para él, los perros son un “plus” que transforma la percepción del entorno laboral, incluso para los visitantes. “Impacta a quienes vienen. Preguntan: ¿cómo así que tienen tantos perritos? Eso genera conexión”.
Según Mauricio, en momentos de presión, la manada cumple su papel sin discursos ni metodologías: “Uno puede tener días difíciles, pero al final ve estas bellezas y se desprende de todo”, dice. No son perros vigilantes. Nosotros somos parte de su manada”, concluye.
¿Puede esta experiencia inspirar a otras empresas?
Miguel Velásquez es claro: no todas las organizaciones pueden tener una manada permanente, pero todas pueden hacer algo: “Un día de la mascota cambia el ambiente. Promover el cuidado, apoyar fundaciones, hacer campañas de adopción. Hay mucho por hacer”.
La clave, insiste, es el amor y la responsabilidad. No se trata de moda, sino de coherencia.
Un sello que humaniza la empresa
En Incolmotos Yamaha, la manada no es una estrategia de comunicación ni un beneficio accesorio. Es una expresión viva de una cultura que entiende que el bienestar también se construye desde lo emocional, lo cotidiano y lo empático.
Así, tras cinco décadas de camino, Incolmotos Yamaha tiene en la experiencia de su manada una metáfora viva de la cultura que la ha definido desde sus orígenes: una empresa que entiende que el bienestar no es un beneficio adicional, sino una condición para construir organizaciones más humanas, sostenibles y coherentes. Lo que comenzó como una afinidad personal del fundador se transformó, con el paso del tiempo, en una práctica que hoy permea la forma de trabajar, de relacionarse y de cuidar a quienes hacen parte de la compañía.
En esa convivencia cotidiana -sin protocolos forzados ni discursos grandilocuentes- se revela una manera de hacer empresa que han sabido afianzar durante estos 50 años: poner a las personas en el centro, incluso en los entornos más industriales, y demostrar que la sostenibilidad también se construye desde gestos simples, empáticos y profundamente humanos.
En tiempos donde las empresas buscan diferenciarse desde el propósito, esta experiencia de Incolmotos Yamaha demuestra que, a veces, las mejores prácticas no nacen de un plan, sino de una convicción profunda y que, inclusive en una planta industrial, el bienestar puede tener cuatro patas, cola y un nombre propio.




