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Incolmotos Yamaha: la sostenibilidad como corazón de un modelo empresarial

A 50 años de su fundación, Incolmotos Yamaha es referente nacional de cómo la sostenibilidad impulsa la productividad, el bienestar laboral y crecimiento empresarial.

Mucho antes de que la sostenibilidad fuera una exigencia regulatoria o una tendencia corporativa, Incolmotos Yamaha entendió que el crecimiento productivo debe armonizarse con el talento humano, el entorno y la sociedad.

Cuando Incolmotos Yamaha decidió concentrar su operación industrial en Girardota, al norte del Valle de Aburrá, en 2006, la apuesta respondía a un objetivo claro: ser más eficiente, productiva y logísticamente, para mantenerse competitivo en un mercado de motocicletas que crecía aceleradamente en Colombia. Sin embargo, lo que en principio fue una decisión operativa terminó convirtiéndose en uno de los mayores aciertos estratégicos de la compañía, al derivar en la consolidación de un modelo de sostenibilidad que hoy se reconoce como parte esencial de su ADN.

“No se trataba solo de crecer en volumen, sino de hacerlo bien”, resume Andrés Felipe Fajardo, director de Operaciones de Incolmotos Yamaha. “La idea de estar acá era poder agrupar todos los procesos para que la logística fuera mejor y tener un mejor desempeño y productividad”.

La sede actual -167 mil metros cuadrados que integran producción, almacenamiento, logística y áreas administrativas- permitió eliminar desplazamientos innecesarios, reducir tiempos y movimientos, y hacer más eficiente una operación que, para entonces, ya mostraba un crecimiento sostenido. “En 2006 terminamos el año con alrededor de 54 mil motos. Antes teníamos la planta de ensamble en un lugar, la de pintura y soldadura en otro, y el almacén de partes a varios kilómetros. Todo ese movimiento hacía muy compleja la operación. Aquí tenemos absolutamente todo”, explica Fajardo.

Ese rediseño operacional no solo mejoró los indicadores de productividad; también sentó las bases para una relación más armónica entre industria, entorno natural y comunidad, coherente con la esencia de una marca de origen japonés, donde el respeto por la naturaleza y las personas hace parte de la cultura empresarial.

Productividad, armonía con el entorno y sostenibilidad: una visión integrada

Desde su llegada a Girardota, Incolmotos Yamaha tomó una decisión poco común en el contexto industrial colombiano: declarar un área del predio como ecoparque y definir que allí no se construiría ningún edificio. “Cuando nos pasamos para estas instalaciones, declaramos que no íbamos a construir en ese espacio. Hoy tenemos especies nativas, incluso algunas en vía de extinción. El respeto por la naturaleza es fundamental, eso es parte de nuestra cultura”, afirma Fajardo.

Ese enfoque se ha fortalecido con el paso de los años y se alinea con los compromisos globales del Grupo Yamaha, que se ha trazado como meta ser carbono neutro al año 2035. En la planta de Girardota, ese objetivo se traduce en inversiones concretas: cerca de 970 paneles solares instalados en los bloques productivos y administrativos permiten hoy ahorrar alrededor del 25 % del consumo energético, y otras modificaciones, entre ampliaciones y modernizaciones, en la que se avanza ahora, a propósito de los 50 años que la compañía celebra este 2026.

Edificio administrativo de Incolmotos Yamaha. Girardota, Antioquia.

Para Luis Higuera, responsable del Área de Ingeniería y Mantenimiento, este tipo de decisiones reflejan una comprensión profunda del concepto de sostenibilidad. “Pensar que la sostenibilidad es un sobrecosto es un paradigma. Puede que las inversiones iniciales sean más altas, pero a largo plazo generan retornos claros: menos consumo de energía, menores costos operativos, más bienestar y mejor productividad”.

La arquitectura bioclimática de las instalaciones es un ejemplo de ello. Los edificios fueron diseñados para aprovechar la iluminación natural, reducir la temperatura interna entre dos y tres grados frente al exterior y minimizar el uso de aire acondicionado. “Eso aporta a que haya más bienestar, menos fatiga, menos errores y, por lo tanto, niveles de calidad más altos y menos reprocesos”, explica Higuera.

Tecnología al servicio de la gente

Aunque la planta de Incolmotos Yamaha mantiene una alta carga manual, la empresa ha avanzado de forma progresiva en la adopción de tecnologías que no buscan reemplazar al talento humano, sino protegerlo y potenciar su aporte de valor. Un caso emblemático es la reciente puesta en marcha de una línea robotizada de soldadura, desarrollada en articulación con Japón.

“Vendimos el proyecto no para aumentar productividad, sino por un tema de salud de los soldadores, para evitar operaciones repetitivas que, a largo plazo, terminan enfermando a la gente”, explica Fajardo. La robotización, acompañada de esquemas de rotación de puestos, ha permitido reducir riesgos ergonómicos sin sacrificar calidad ni eficiencia.

Lo mismo ocurre con el desarrollo interno de AGVs (Vehículos Guiados Automáticamente) para logística interna. “La idea es que los operarios dejen actividades de menor valor y se concentren en procesos de transformación: ensamble, soldadura, pintura. Eso dignifica el trabajo y mejora la productividad”, señala.

Este enfoque ha sido clave para desmontar el temor habitual de que la tecnología implique pérdida de empleo. “El discurso es transparente: no se trata de sacar personas, sino de que agreguen más valor, con habilidades más completas”, enfatiza el director de Operaciones.

¿La sostenibilidad es un costo o una inversión? Luis Higuera, líder de Ingeniería y Mantenimiento de Incolmotos Yamaha, explica cómo esta compañía le ha dado respuesta a esta cuestión.

Educación, formación y empleo como base del modelo

El compromiso con la sostenibilidad también se expresa en la apuesta por la educación y la generación de empleo de calidad. Incolmotos Yamaha ha desarrollado programas internos de formación y mantiene alianzas con universidades, además de contar con su propio Centro de Entrenamiento y Destrezas.

Ante la dificultad de encontrar soldadores calificados en el mercado, la compañía decidió crear su propia escuela de soldadura. “Abrimos cohortes internas, formamos a nuestra gente durante tres o cuatro meses y así resolvemos una necesidad crítica, pero también ofrecemos oportunidades reales de crecimiento”, explica Fajardo.

A esto se suma el papel estratégico del Instituto Técnico Yamaha (ITY), que se ha convertido en una fuente clave de talento para la compañía y para toda la red de distribución. “Los muchachos del Instituto ya vienen con un conocimiento previo que facilita mucho su adaptación. Más del 80 % logra vincularse laboralmente”, señala.

Inclusión y diversidad: una transformación natural

Uno de los avances más significativos de los últimos años ha sido la diversificación de género en las áreas productivas. Hace seis años, la participación femenina no superaba el 3 %. Hoy ronda el 25 %.

“Ha sido un proceso muy bonito y lleno de aprendizajes”, reconoce Fajardo. “Nos obligó a adaptar procesos, respetar cargas y entender que hombres y mujeres tienen potencialidades complementarias”.

Ese cambio cultural ya muestra resultados concretos: por primera vez, dos mujeres fueron promovidas a cargos de liderazgo en el taller de ensamble y en el área de calidad. Algo que antes era impensable y que hoy la compañía lo ve como una realidad que seguirá creciendo.

Andrés Felipe Fajardo, director de Operaciones de Incolmotos Yamaha.

Bienestar laboral como ventaja competitiva

El cuidado del talento humano es otro de los pilares del modelo. La planta de Girardota ofrece condiciones poco habituales en el entorno industrial colombiano: restaurante interno, espacios verdes, convivencia con canes y un ecoparque que funciona como lugar de encuentro, reflexión y diálogo: “Este es un sitio donde incluso las conversaciones difíciles se hacen caminando, rodeados de naturaleza. Eso cambia completamente la dinámica”, explica Higuera.

No es casual que la permanencia promedio del personal esté entre siete y diez años, ni que la compañía haya sido certificada como Great Place to Work: “Generar valor no es solo el salario. Es el ambiente, la formación, el sentido de pertenencia”, resume Fajardo, quien lleva casi dos décadas en la organización.

Sostenibilidad como inversión de largo plazo

Los resultados ambientales respaldan la visión. Hoy, Incolmotos Yamaha consume menos recursos por motocicleta producida, ha reducido significativamente emisiones de COVs mediante innovaciones en pintura electrostática y recicla cerca del 97 % de sus residuos sólidos.

Además, avanza en investigaciones de largo aliento, como tecnologías de captura directa de carbono (DAC), en alianza con otras empresas antioqueñas.

“Pensar en sostenibilidad es pensar en crecer, pero crecer bien”, concluye Higuera. “Si se hace desde el principio, se recupera la inversión y se garantizan costos operativos más bajos, menos rotación de personal y mayor eficiencia”.

Una compañía con impacto más allá de la industria

Al cumplir 50 años, Incolmotos Yamaha ha consolidado un modelo empresarial en el que la sostenibilidad no es un capítulo adicional, sino el hilo conductor de su crecimiento. Desde las decisiones operativas hasta la forma de cuidar a su gente y relacionarse con el entorno, la compañía ha demostrado que es posible construir competitividad industrial sin sacrificar bienestar, equilibrio ambiental ni propósito social.

En un contexto donde muchas organizaciones aún debaten cómo integrar la sostenibilidad a su estrategia, la experiencia de Incolmotos Yamaha muestra que hacerlo desde el origen —y sostenerlo en el tiempo— es una ventaja real. Un enfoque que explica su permanencia, su capacidad de adaptación y el legado que hoy celebra: crecer, sí, pero crecer bien, con una visión de largo plazo que pone a las personas y al entorno en el corazón del negocio.

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