
Con 48 años de historia, la marca antioqueña de ropa deportiva avanza en su crecimiento nacional e internacional, apoyada en liderazgo familiar, innovación, bienestar y una visión empresarial que no renuncia a su esencia.
Racketball es una de esas compañías que ayudan a contar la historia empresarial de Medellín: nació desde el empuje familiar, creció con disciplina y ha sabido mantenerse vigente en una industria exigente, cambiante y cada vez más conectada con las tendencias de consumo.
La empresa, fundada hace 48 años, es hoy una marca nacional de ropa deportiva con 19 puntos de venta, presencia en Medellín y Bogotá, nuevos planes de apertura en Barranquilla y Bucaramanga, distribución en boutiques, tiendas multimarca, grandes superficies y cadenas como Decathlon y Agaval. Además, exporta a Ecuador, Costa Rica y México, y avanza en un plan de expansión hacia Estados Unidos.
Daniela Urrea, gerente de Marca de Racketball e integrante de la segunda generación de la compañía, resume el momento actual de la empresa desde una idea central: crecer sin perder el legado. “Lo que estamos buscando es poder dejar ese legado y generar bienestar”, afirmó.
Una nueva generación toma la posta en Racketball
El relevo generacional en Racketball no es una promesa futura. Ya está en marcha. Daniela y su hermano hacen parte de la operación y el liderazgo de una empresa que sigue teniendo a su fundador activo en la visión del negocio familiar.
“Yo soy segunda generación, mi padre empezó la compañía hace 48 años”, recordó Urrea, al destacar que Racketball ha hecho parte del desarrollo del Clúster Moda de la Cámara de Comercio de Medellín desde sus primeros momentos.
Ese tránsito generacional le ha permitido a la compañía mirar el negocio con nuevos ojos, entender mejor las dinámicas del consumidor actual y fortalecer una marca que no quiere hablar solo de ropa deportiva, sino de estilo de vida, bienestar y comunidad.
Tecnología con propósito, no por moda
Racketball también está avanzando en transformación tecnológica. Pero su mirada no parte de implementar herramientas por presión del mercado, sino de entender para qué sirven y cómo aportan a la estrategia.
“Lo que hace la tecnología finalmente es darnos esa data para poder nosotros tomar decisiones”, explicó Urrea. Sin embargo, advirtió que la tecnología no reemplaza la intuición empresarial ni la claridad estratégica: “Siempre es entender el para qué, eso es lo más importante”.
La compañía viene incorporando tecnologías como corte automático, pero mantiene una convicción: la innovación no debe significar renunciar al valor de la mano de obra. Hoy Racketball cuenta con 290 empleados directos y también genera empleo a través de satélites y compañías aliadas como Tintatex, con procesos de tejeduría, tintorería y sostenibilidad.
Crecer con otros también es liderazgo empresarial
El lugar de Racketball en la Escuela de Liderazgo del Clúster Moda tiene sentido por su trayectoria y por su visión de empresa. Para Urrea, participar en estos espacios permite compartir aprendizajes, escuchar a otros empresarios y fortalecer una conversación sectorial más humana.
La ejecutiva destacó que la Escuela ofrece escenarios diferentes a una reunión tradicional, pues permite generar conexión real con otros líderes. “Es un espacio súper enriquecedor porque nos permite realmente como empresarios y como líderes conectar con otras industrias”, señaló.
Lee también: Moda de Medellín: liderazgo joven y tecnología para competir globalmente
Más tiendas, más experiencia y más comunidad
Racketball está en plan de expansión. La meta de la compañía es abrir cinco tiendas este año, aunque Urrea subraya que el crecimiento debe darse en el momento y lugar adecuados.
La marca quiere que cada punto físico funcione como un centro de experiencia y que el comercio electrónico, los eventos y las tiendas transmitan el mismo ADN. “Nosotros no hablamos de generaciones, nosotros hablamos de un estilo de vida”, afirmó la ejecutiva.
Ese enfoque explica por qué Racketball aparece hoy como un caso empresarial valioso para el ecosistema moda: una compañía familiar que se renueva, adopta tecnología con criterio, proyecta crecimiento y conserva una idea clara de impacto empresarial.
En una ciudad que busca fortalecer su competitividad, compartir esa experiencia puede inspirar a otras empresas a crecer con disciplina, colaboración y propósito.




