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«Lo esencial es invisible a los ojos»: El Principito, una experiencia imperdible en Los Molinos.

La experiencia inmersiva inspirada en El Principito de Antoine de Saint-Exupéry puede disfrutarse, hasta el 5 de abril, en el cuarto piso del centro comercial Los Molinos.

Un viaje inmersivo para redescubrir lo verdaderamente importante en el Centro Comercial Los Molinos, hasta el 5 de abril.

Hay invitaciones que no se leen: se sienten. Y esta empieza con una certeza que parece susurrada por el viento del desierto: si quiere encontrar algo verdaderamente valioso, lleve sus pasos hasta el cuarto piso del Centro Comercial Los Molinos. Allí, en Plaza Bosque, lo espera El Principito, una experiencia inmersiva que no solo se recorre… se vive.

Porque, como bien lo aprendimos en aquel encuentro improbable entre un aviador perdido y un niño de cabellos dorados en el Sahara, lo esencial es invisible a los ojos. Y esta vez, lo invisible toma forma en proyecciones 360°, escenografías icónicas y espacios interactivos que invitan a saltar de planeta en planeta, de pregunta en pregunta, para reencontrarse con aquello que —en medio de los “asuntos serios” de la vida adulta— hemos dejado de mirar.

El Principito en su asteroide. Recreación instalada en una urna exhibida al inicio de la experiencia instalada en Los Molinos.

Inspirada en la obra maestra de Antoine de Saint-Exupéry, la muestra propone un viaje entretenido e inspirador por los principales postulados del clásico universal: la amistad, la empatía, la responsabilidad en los vínculos, la importancia de la conversación y la confianza. Valores que hoy, más que nunca, reclaman un espacio en la vida cotidiana.

De asteroide en asteroide: un recorrido para volver a preguntar

La experiencia —producida por Intuit SAS, en alianza con el estudio francés custodio de la licencia oficial— ocupa 740 metros cuadrados y conjuga arte, tecnología y pedagogía.

El visitante podrá encontrarse con:

  • Una sala de proyección 360° con contenido licenciado por la familia del autor, que transforma el relato en un viaje sensorial envolvente.
  • Escenografías inspiradas en escenas icónicas: el desierto del Sahara, la boa y el elefante, el avión del aviador, la rosa, y el asteroide B-612 recreado a gran escala como punto de interacción y fotografía.
  • Un libro pop-up de gran formato y una zona de lectura con distintas ediciones de la obra.
  • La recreación del estudio de Saint-Exupéry, con una línea de tiempo sobre su vida como aviador, periodista, ilustrador y escritor.
  • Una galería con fotografías e ilustraciones inéditas.
  • Espacios participativos como el muro de los deseos, actividades creativas, interacciones tecnológicas y una piscina de pelotas inmersiva para niños y adultos.
  • Una tienda oficial con objetos coleccionables que extienden la experiencia más allá del recorrido.
  • Los fines de semana, lecturas y puestas en escena a cargo del grupo de teatro Kakatúa.

La mayoría de los espacios son, además, “instagramiables”: escenarios diseñados para capturar no solo imágenes memorables, sino momentos de conexión intergeneracional.

Los Molinos, mucho más que comercio: cultura, encuentro y ciudad

Para Clara Heredia, gerente de Los Molinos, traer El Principito a Medellín es coherente con la visión de un centro comercial que ha decidido ir más allá del comercio.

“Estamos muy felices porque hoy estamos dando inicio a una experiencia inmersiva llamada El Principito. Es una historia, es una gran obra que ha acompañado a la humanidad por más de ocho décadas y queríamos iniciar el año con un mensaje potente de unión, de esperanza, de coherencia, de que no nos olvidáramos que siempre tenemos ese niño interior”, comentó la gerente.

Escena del relato que se presenta en la sala de proyección envolvente de la exposición El Principito. Centro comercial Los Molinos, Medellín.

Heredia subraya que la apuesta no es solo por el entretenimiento, sino por la educación y la cultura como herramientas de construcción ciudadana: “En Los Molinos vamos más allá. No solamente experiencias para el disfrute, por supuesto es muy importante, pero para que esos visitantes se lleven consigo educación y también cultura”.

En el de contexto de sus 20 años —que celebrará oficialmente en mayo— el centro comercial quiso entregar este “regalo” a Medellín, consolidándose como un espacio ideal para el encuentro, el sano esparcimiento y la programación alternativa que dialoga con la vocación turística y cultural de una ciudad cada vez más atractiva para visitantes nacionales e internacionales.

La confianza, añadió la gerente, es uno de los valores centrales del mensaje: “Tenemos que confiar en que tenemos un país maravilloso, que tenemos una ciudad extraordinaria… seguir en las inercias de la confianza para construir el mejor futuro para nuestros hijos”.

Una invitación a mirar con el corazón

Hasta el 5 de abril, El Principito estará disponible en Plaza Bosque, cuarto piso de Los Molinos, en los siguientes horarios:

  • Lunes a viernes: 1:00 p.m. a 8:00 p.m.
  • Sábados, domingos y festivos: 11:00 a.m. a 8:00 p.m.

La boletería está disponible en LaTiquetera.com y en la taquilla del evento, con tarifas desde los $20.000.

Se espera recibir a más de 10.000 visitantes en Medellín, tras el éxito de la experiencia en Bogotá, donde convocó a más de 15.000 personas.

Pero más allá de las cifras, esta es una invitación íntima: a detenerse, a conversar, a escuchar, a recordar que alguna vez fuimos niños y que —aunque el mundo adulto insista en lo contrario— no todo se mide en posesiones, resultados o urgencias.

El Principito, un viaje imperdible en Los Molinos, Medellín. Para todas las edades.

Caminar hasta Los Molinos puede parecer un trayecto cotidiano. Sin embargo, esta vez puede convertirse en un viaje extraordinario: uno que nos permita saltar de planeta en planeta para aprender de lo distinto, valorar lo verdaderamente importante y regresar —como el Principito— con la certeza de que el tiempo dedicado a lo que amamos es lo que lo hace valioso.

Porque, al final, quizá la experiencia no esté solo en las proyecciones ni en las escenografías, sino en la decisión de mirar más allá de nuestras narices y atrevernos, otra vez, a ver con el corazón.

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